Nacido en Montevideo en 1971, Marcelo Víquez vive y trabaja desde hace más de una década en Palma. Ahora regresa con esta exposición en la que vuelve a referirse a ganarse el pan con la sangre de su frente, porque con el sudor ya no basta. Arte que habla de arte.
Él entiende que el buen arte tiene que ser terrorista y anarquista, una vela encendida sobre un bidón de gasolina. No en vano ha metido en el oratorio de la galería Kewenig un taxi serrado en dos partes.
Víquez es un artista multidisciplinar que combina el dibujo, la pintura, la fotografía, el vídeo y la instalación. Su lema en la vida: cuestionar las contradicciones de la sociedad que le ha acogido desde el punto de vista de un outsider.
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