Para esta nueva intervención en Box 27, Carles Congost (Olot, 1970) toma como punto de partida una canción pop de Baltimora, Tarzan Boy, (hit de 1985 en clave italo disco) y la convierte en el núcleo desde el que se va (des)componiendo toda la pieza.
Congost trata el espacio como si de un verdadero aparador comercial se tratara, en el que juega con las técnicas propias del escaparatismo para ofrecernos una intervención en la que el propio cristal de la vitrina actúa como una cuarta pared, generando así diferentes capas y niveles de lectura.
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